En tu tierra, viví, crecí y reí. Allí aprendí todo lo
importante y fui todo lo que soy.
Una tierra labrada con espesuras de troncos retorcidos, en
la que los Tres Reyes Magos vienen cargados de oro líquido.
Mi Jaén.
Ese sentimiento olivarero que hace que las mismas gentes que
con el calor bailen, canten y disfruten fiestas y ferias al ritmo de las palmas
y con revuelos de volantes; con el frío se levantan cada mañana a los primeros
rayos de sol, con manos encalladas y rodillas acardenaladas para darles a sus
hijos una vida mejor.
Las abuelas año tras año alteran su vida tranquila de
jubiladas por cuidar de sus traviesos nietos, y a los jóvenes no les importa
que sus vacaciones navideñas sea el comienzo de su temperada laboral,
compitiendo cada mañana con esos gigantes de hojas afiladas sin mas armas que
varas alargadas y vasijas de goma por escudo.
Y pensar que ahora por fin, mis padres consiguieron darme
esa vida mejor, pero sin embargo, no consigo olvidarme del pasar de tractores
cargados de miles de redondas y brillantes aceitunas por la ventana de mi casa;
el levantarme cada mañana y ver el revuelo de guantes, pañuelos y rodilleras
que inunda las calles, entre lo que pareciera una familia enorme; y la Noche
Buena y Noche Vieja con cuerpos doloridos pero que cada labriego disfruta increíblemente,
pues el 25 de diciembre y el 1 de enero son los únicos días respetados en el
calendario laboral del aceitunero.
Porque cada vez que Despeñaperros se queda a mis espaldas me
embarga ese sentimiento de culpa y vergüenza, porque estoy abandonando todo lo
que tanto me ha dado, solo y simplemente por el egoísmo de conocer lo que me
haga aprender aún más. Y me brotan las lágrimas por alejarme de las únicas
personas a las que mis ojos les hablan y les cuentan lo que siente mi corazón
(quizás sea esta una comodidad y ahora sea la pereza la que me impida hablar
con la boca y nadie entienda mis ojos).
Pero aun así, en este día triste y nublado, a muchos kilómetros
de distancia de mi origen, con una extraña combinación de una taza del mejor té
ingles y una sevillana de fondo, me ha sido imposible no recordar que puedo volar
tan alto o bajo como se me antoje,
PERO SIEMPRE SABRÉ CUAL ES MI NIDO.